sexta-feira, 15 de fevereiro de 2008

LOS WEBLOGS, páginas que se construyen en la red sin costo, se han convertido en una red de distribución alternativa para los poetas argentinos



LOS WEBLOGS, páginas que se construyen en la red sin costo, se han convertido en una red de distribución alternativa para los poetas argentinos.
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Desconocieron la indulgencia en todas las décadas, como si ésa fuera una gracia para la que su casta nació exceptuada. Desde 1920 a hoy, las distintas generaciones de poetas persiguieron la luz para sus obras a través de un mismo motor: obstinación. Creaban sus revistas, convocaban a encuentros de lectura y fundaban editoriales, aun con el riesgo o fracaso que encerraban. El decenio que corre no es la excepción. Como sus predecesores, los nuevos poetas buscan caminos alternativos y copian muchos de aquellos recursos para hacer circular sus textos. Pero un detalle los distancia. Para la nueva generación, el libro asoma en su horizonte como un soporte lejano, inalcanzable y hasta casi prescindible.

En esto de descartar el libro como posibilidad, Internet apareció como la herramienta para reparar esa carencia. Desde ahí tienden puentes a través de blogs. También encuentran en el arte una variante. Fanzines, trípticos pintados a manos y creaciones en origami son algunos de los soportes en que "viaja" su poesía, que distribuyen en librerías, bares, centros culturales o en las lecturas en recitales públicos. Claro que esa elección en algunos casos es una opción, en otras, una resignación. "El libro tiene una cantidad de lectores potenciales muy grande, que se apaga en una librería donde hay muchos libros o cuando algunos de ellos tienen un aparato promocional atrás", dice Hernán Lucas (Bs.As, 1974), quien pertenece al grupo de los poetas-libreros (es dueño de la librería Aquilea) . Y aunque acaba de editar su segundo libro de poesía, Prosa del cedido por el otro (Paradiso), sostiene: "Hay otros ámbitos más pequeños donde el texto llega de un modo más directo".

A esos ámbitos se refiere Selva Dipasquale (Bs.As, 1968), quien modera un blog (Desconocieron la indulgencia en todas las décadas, como si ésa fuera una gracia para la que su casta nació exceptuada. Desde 1920 a hoy, las distintas generaciones de poetas persiguieron la luz para sus obras a través de un mismo motor: obstinación. Creaban sus revistas, convocaban a encuentros de lectura y fundaban editoriales, aun con el riesgo o fracaso que encerraban. El decenio que corre no es la excepción. Como sus predecesores, los nuevos poetas buscan caminos alternativos y copian muchos de aquellos recursos para hacer circular sus textos. Pero un detalle los distancia. Para la nueva generación, el libro asoma en su horizonte como un soporte lejano, inalcanzable y hasta casi prescindible.

En esto de descartar el libro como posibilidad, Internet apareció como la herramienta para reparar esa carencia. Desde ahí tienden puentes a través de blogs. También encuentran en el arte una variante. Fanzines, trípticos pintados a manos y creaciones en origami son algunos de los soportes en que "viaja" su poesía, que distribuyen en librerías, bares, centros culturales o en las lecturas en recitales públicos. Claro que esa elección en algunos casos es una opción, en otras, una resignación. "El libro tiene una cantidad de lectores potenciales muy grande, que se apaga en una librería donde hay muchos libros o cuando algunos de ellos tienen un aparato promocional atrás", dice Hernán Lucas (Bs.As, 1974), quien pertenece al grupo de los poetas-libreros (es dueño de la librería Aquilea) . Y aunque acaba de editar su segundo libro de poesía, Prosa del cedido por el otro (Paradiso), sostiene: "Hay otros ámbitos más pequeños donde el texto llega de un modo más directo".

A esos ámbitos se refiere Selva Dipasquale (Bs.As, 1968), quien modera un blog (lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com) y acaba de publicar Meditaciones en el bosque (Ediciones en danza). "Hay pocas posibilidades de publicar, entonces los autores nos gestionamos los propios libros, nos pagamos las publicaciones y la poesía toma la forma de blogs. Pero además la poesía tiene el componente de la oralidad, y por eso tiene la posibilidad de circular en ciclos".

La oralidad es un aspecto que ayuda a "salvarla", dice Nurit Kasztelan (Bs.As., 1982). Para ella, "la poesía tiene una instancia declamatoria que existe desde la antigüedad, hay algo adicional que se transmite con la voz y en eso de ver al poeta y escucharlo recitando". En 2007 publicó Movimientos incorpóreos (Huesos de Jibia) y coordina ciclos de lecturas en un blog (lamanzanaenelgusano.blogspot.com).

En poesía, el libro no siempre funciona como garantía, temen algunos. Germán Weissi, uno de los editores del fanzine "Color Pastel" (colorpastel.blogspot.com), dice: "Al libro hay que llegar, y llega quien lo busca y lo quiere. La gente no va a curiosear a ver qué encuentra en poesía". Para Weissi, por eso, "los blogs sirven para promocionar al autor y estimular a que sea buscado en las librerías". Además Weissi es creador de "Proveedora de Droga" (ediciones-pdd.blogspot.com), una editorial independiente de poesía y arte plegable, que funciona también en Barcelona a través de editorial Ozono.

El libro es una meta difusa también para Clara Muschietti (Bs.As., 1978), quien participó de la clínica de poesía coordinada por Fabián Casas en el Centro Cultural Rojas, aunque en 2007 publicó La campeona de nado (Irojo) y escribe en un blog (bailarpegados.blogspot.com). "El blog tiene inmediatez y es un fogueo para los textos, por que a través de los comentarios podés recibir devoluciones. Por ahora me sirve. Escribir pensando en publicar es algo que no se me ocurre".

Para Sebastián Hernaiz (Bs.As.,1981), de la revista digital de arte y literatura "elinterpretador.net", las páginas de los blogs "son como la publicidad en los baños, una alternativa más. Los ciclos de lectura ganaron publicidad gracias a Internet". Pero pareciera que no es el libro como objeto lo que está en crisis, sino un entramado más complejo. "Las editoriales desaparecieron como generadoras de bienes simbólicos. Están en manos de tecnócratas y los editores son fantoches que trabajan desde una oficina pensando qué se puede vender", opina Walter Cassara, poeta y responsable de la editorial Huesos de Jibia, que además de editar a nuevos autores realiza una tarea de rescate de poetas como Eugenio Montale.

En esa dirección aporta Mori Ponsowy (Bs.As.,1967), licenciada en Filosofía (Bs.As.), master of Fine Arts in Creative Writing (Boston), con varias distinciones como Enemigos Afuera -Premio Nacional 1999- y publicaciones. Ella fundó la revista "La mujer de mi vida", que cerró hace poco. "El mercado también se devora al individuo, nos convierte en personas anónimas y cada uno quiere ser especial, hacerse oír; las tecnologías son un medio y están ahí". Pero una cosa es la producción y otra la edición, separa Carlos Aldazabal (Salta, 1974), docente y fundador de la editorial El Suri Porfiado (elsuriporfiado.blogspot.com), nacida con el objetivo de publicar voces nuevas y también aquellas poco difundidas, como Bernardo Canal Feijoó y Juan Carlos Bustriazo Ortiz. "Uno escribe a pesar de que no circule y tenga los canales de circulación cerrados. Si se nació en un provincia, la cuestión es más difícil. Hay que luchar para entrar en Buenos Aires y ser reconocido como poeta argentino, sino uno se queda sólo como poeta patagónico", ejemplifica. Y agrega, "frente al abandono de las editoriales, la poesía asume distintos caminos de distribución. Es tarea de los poetas encontrar un público".

Claro que Internet también genera dudas. Para Cassara, "está muy bien como medio de difusión, pero no tiene nada que ver con la literatura. Produce la hiperdemocratización de la escritura y eso es fantástico, pero no creo que cambie la situación de la literatura". Ocurre que, por momentos, la poesía pareciera ser "endogámica", como apunta Kasztelan, "hay un prejuicio de que la poesía requiere un tipo de atención especializada". También, acota Muschietti, "se suele pensar que la poesía es algo que sólo empieza con un ¡Oh!". Ponsowy apunta que "la poesía sigue siendo para una elite, no sé si mejor o peor. Ni siquiera los narradores argentinos leen poesía, y no vamos a decir que es porque sean menos sensibles. Es una cuestión de pequeños grupos. A veces en una lectura de poesía no entiendo ni la mitad de lo que oigo, y el auditorio aplaude y me siento tremendamente minusválida. Aprendí que tal vez también quienes me leen a mí no me han entendido, aplauden quizás por contagio o por urbanidad. Así la poesía se convierte en pequeños lenguajes privados".
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