domingo, 20 de junho de 2010

Apartheid 2.0 (Made in FIFA)


Apartheid 2.0 (Made in FIFA)BY THE CLINIC CHILE
Texto y foto: Leo Salazar, desde Johannesburgo



La FIFA sobrepasó en caja los US$ 1.000 millones. Y para su Congreso anual se reunieron los delegados de las 207 Federaciones en el hotel más lujoso de Johannesburgo, en pleno barrio Sandton, una mezcla de El Golf y La Dehesa. Hyundai dispuso más de un centenar de vehículos para transportar a todos los funcionarios, cuyo porcentaje menor es de Sudáfrica misma, organizados en el COL, con Irvin Khoza de
líder.
Los trabajadores mismos de la Copa son voluntarios y trabajadores part-time. Los voluntarios, en general, son jóvenes que se inscribieron para entrar al Mundial. Cada uno se pagó su pasaje, acá
les consiguieron hostales rebajadas, los trasladan gratuitamente y les dan colación. “¡Cabrón! No tenía el pase para estar en el campo de juego pero otro voluntario me dejó pasar. De la puta madre, estuve a
un costado de la cancha”, me contaba Esteban, voluntario mexicano que vibró en la inauguración. Esteban estudia Ingeniería en Ciudad de México y volverá, de paso, con una parka con el logo oficial.
Al frente están los guardias, los tipos del aseo y de los controles. Lindi vive en el lado sur de Joburg. Dice que a Soweto va de paseo, porque el lugar emblema en la lucha contra el apartheid sigue poblado
de pobres, pero tiene su toque turístico. La pobreza misma se vive en Alberta, por ejemplo, donde están los tipos en la calle y se ven, como en Santiago, a los muchachos aspirando neoprén.
Lindi toma la micro de la ciudad, que es un furgón escolar, y llega caminando unas 20 cuadras a pie hasta el Estadio Ellis Park, su lugar de trabajo por este mes donde tiene que limpiar la mesa que se le
cruce por delante. Le pagarán por toda la Copa 2.000 rand, algo así como 150 mil pesos chilenos.
La policía anda por ahí. En general los tipos se ríen mucho y, cuando dirigen el tránsito por ejemplo, literalmente bailan. “No señor, usted no puede estar aquí. Lárguese”, le dijo William, policía, a un
holandés cualquiera. Cuando se fue el tulipán, William se largó a reir y se puso a cantar en español: “Como la lluuuuvia, en la mañaaaaana”.
No quiso ser entrevistado.

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