quinta-feira, 15 de julho de 2010

Las peleas de la Iglesia

Las peleas de la Iglesia
POR JOSÉ MURILLO
retirado de The Clinc Chile
En 1610, hace exactamente 400 años, Galileo invitó a un grupo de clérigos a mirar por el telescopio que había obtenido en Holanda y que permitía ver más allá de lo que se puede ver a simple vista. Algunos de ellos no quisieron mirar por miedo a ver algo que desmintiera lo que decían las Santas Escrituras interpretadas por filósofos medievales neoaristotélicos. Preferían quedarse en el mundo seguro de su tradición, aunque fuese falso, antes que aventurarse a mirar el mundo real, el mundo de la experiencia. Galileo luego fue condenado por la Iglesia a decir que el movimiento de la tierra alrededor del sol, que se evidenciaba por la observación a través del telescopio, era falso. Fue obligado a decir públicamente: el mundo real es falso.

Después de un tiempo, la Iglesia tuvo que aceptar que la tierra, desobedeciendo a la tradición, sí rotaba alrededor del sol. Entonces, en un gesto de misericordia con el universo, para que la tierra no siguiera haciendo el loco y desobedeciendo a las leyes eternas, modificó la tradición. A lo largo de la historia, la Iglesia se ha ido tropezando una y otra vez con la verdad, y ha tenido que modificar sus leyes eternas para perdonar los saltos cuánticos del universo. Despreció a las mujeres, condenó a Darwin, a los judíos, calificó el ferrocarril y a la luz eléctrica como elementos diabólicos, etc. Puso a sus estudiosos a construir argumentos precisos para demostrar sus conclusiones previas, les regaló doctorados en Roma y en París y los transformó en voces legítimas en el mundo intelectual. Muchas de aquellas cosas que la Iglesia ha combatido con mayor violencia, el tiempo ha demostrado que eran piezas claves para la humanización de la historia, y que era eso justamente lo que había que mirar y escuchar. Lo que la tradición combate con mayor vehemencia parece ser lo que hay que escuchar con mayor atención. De hecho, el personaje que fue sacrificado de manera más cruda en la historia por cuestionar las tradiciones, es el mismo que la Iglesia parece desdoblar y presentar como si fuera el defensor de las tradiciones: Jesús. La Iglesia se olvidó que la tradición mató a Jesús porque la cuestionaba, porque desatendía los ritos, las ceremonias, las formas, y ponía la importancia en la verdad, la libertad, el amor. Estos tres conceptos son tan peligrosos para la tradición que hubo que transformarlos en valores inofensivos. La verdad se transformó en “adecuación del juicio”, la libertad en “libre albedrío” y el amor en “caridad”. Los niños entienden lo que es la libertad pero no el libre albedrío, entienden la verdad pero no la adecuación del juicio y entienden lo que es el amor pero no lo que es la caridad.

Hace un par de meses, el padre italiano Cantalamessa, predicador oficial del Papa Benedicto XVI, dijo que las acusaciones que se le hacían a la Iglesia de abuso sexual eran como el antisemitismo de principio del siglo XX. Judíos, religiosos, sobrevivientes de abusos, hombres de buena fe y sentido común, se miraron, se entristecieron, algunos se atoraron y tal vez recordaron los violentos ataques a Galileo 400 años atrás. La semana siguiente, el Papa en persona, después de haber mirado por el telescopio hacia Irlanda, Alemania, Estados Unidos, después de haber revisado un par de blogs y el New York Times, pidió perdón al mundo. Habrá que ver si el mundo perdonará al Papa y a la Iglesia por hacernos creer que no la Tierra, sino el Vaticano es el centro del universo.

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