quinta-feira, 20 de janeiro de 2011

Suma de artistas y materiales

Una muestra de collages de varios autores en la galería Mara La Ruche dispara reflexiones sobre esta técnica. Una de las obras va más allá: la crearon cinco artistas.

POR JUDITH SAVLOFF
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Arnaiz, Kirin, Lecuona, Sclavo, Stupia. 2010, técnica mixta s/madera 225 x 220 cm.
Etiquetado como:collages
Es como Frankenstein. “Como el Golem, un ser utópico”, dice Jorge Mara, el galerista. “Hay aire, circulación, sus elementos se articulan”, agrega Eduardo Stupía, artista. Y sí: de a poco parece que el gran collage que realizaron Kirin, Juan Lecuona, Fidel Sclavo, Carlos Arnáiz y el propio Stupía, respira.

Al principio, el enorme cuadro hecho a diez manos con fragmentos de papel, dibujos, madera, plásticos, textos, se planta quieto y desconcertante, al fondo de la galería. Es una composición abstracta con pequeñas zonas figurativas, relieves, sombras, dobleces, volúmenes, transparencias. Un encuentro de piezas heterogéneas, de objetos (un zapato, un centímetro) y representaciones de formas orgánicas (hojas) y geométricas (trazos, líneas). Nada evoca en él una figura humana. Pero igual que el protagonista de la novela de Mary Shelley o que el mito que inspiró un poema de Borges, fue creado a partir de materiales inanimados. Y sí, de a poco, se lo despabila.

Es como si comenzara por inhalar desde un gran espacio blanco, fresco, que podría ser su centro. Hasta absorber y expulsar. Como si jadeara a medida que sus elementos se avecinan. Como si sofocara cuando se amontonan. Como si gruñera desde el zapato que descansa en un borde, entre otros detalles feroces. Y así, una vez que uno despega en su recorrida, acaricia, golpea, sopla y resopla, para impulsar la mirada una y otra vez en direcciones distintas.

Claro que como observa Stupía –exultante porque, señala Mara, acaba de vender una de sus pinturas a un prestigioso coleccionista estadounidense–, cualquier collage, aun el más logrado, tiene siempre la apariencia de un ensayo, de inconcluso, inacabado. “Algo anormal y tosco hubo en el Golem”, escribió Borges. Más en éste, en el que, como apunta Stupía, “esa especie de estado de transición permanente se refuerza por el lugar desde el que trabajamos, conjunto, no individual, incluyendo aquello que en un trabajo personal cada uno hubiera podido considerar refractario”. Sin embargo, incompleto, imperfecto, áspero, se infla y se vacía, a veces con suavidad, otras con vehemencia y otras con furia. Sugiere caos y orden, la historia del arte y lo cotidiano, lo trivial y lo sublime. Tímida o desaforadamente, alude a la vida.

Stupía, Kirin, Lecuona, Sclavo y Arnáiz trabajaron en él durante cinco días. También realizaron dos cadáveres exquisitos (un procedimiento marca de los surrealistas que consiste en sumar textos o imágenes a una cadena de textos o imágenes desconocida y luego descubrirla para ver, azar mediante, qué resulta).

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