segunda-feira, 28 de junho de 2010

Brasil en argentino

Brasil en argentino
Autor de una obra que vincula el arte de los dos colosos del Mercosur, Schwartz reflexiona sobre vanguardia y política.
Por: FRANCO TORCHIA
CITA. Schwartz participará el jueves de un coloquio en Proa.
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Nombre propio y cita ineludible del circuito académico latinoamericano, Jorge Schwartz imaginó a fines de los 70 un diálogo inédito entre la obra y la vida de Oliverio Girondo y la del poeta brasilero Oswald de Andrade. A partir de allí, su propia vida y su propia obra crítica no han cesado de tender líneas insospechadas entre Brasil y la Argentina. Antes de llegar a Buenos Aires donde participará el próximo jueves del Coloquio Internacional El Universo Futurista en Proa respondió algunas preguntas de Ñ.

-¿Cómo definiría la relación entre vanguardia y política en el caso sudamericano?

-De la misma forma que en América Latina importamos las vanguardias, también hemos reproducido muchas de sus tensiones.
No ya por un afán de imitación, sino por las alianzas políticas internacionales y las crisis sociales que surgen en las primeras décadas del siglo XX en nuestros países. En literatura una de las cuestiones hoy consideradas históricas y muy estudiadas es, en la Argentina, el caso clásico de Boedo y Florida; más que la literatura propiamente dicha, son las revistas de época las que mejor han retratado el "eco" de las vanguardias europeas. Así como se acusa a las vanguardias estéticas de ser un fenómeno de importación internacional, lo mismo ocurre con los movimientos políticos; la revista Claridad, inspirada en Clarité de Henri Barbusse, o La campana de palo, son el mejor ejemplo de la internacionalización de los conf lictos de izquierda. La tensión política / poética surge de forma muy distinta en las innumerables revistas. La mejor, para mí, fue la peruana Amauta de Juan Carlos Mariátegui.

- ¿Qué permanece y qué se perdió de las "aventuras" de Girondo y de Andrade?

-Para sorpresa mía, estos autores crecieron a lo largo de las últimas décadas, y la reedición permanente de sus obras son la mejor prueba de su permanencia.
Lo que sin duda se ha perdido es exactamente esa "aventura", o sea, la fusión arte / vida. La mayor parte de los escritores, así como los intelectuales, pasan hoy por los filtros académicos, por el fenómeno del mercado, por las ferias comerciales y por los agentes literarios. Hubo una especie de esterilización de las costumbres y del sentido de la vida cotidiana.
Cuando leemos las memorias de estos escritores, es impresionante ver cómo se visitaban, las correspondencias que mantenían, costumbres hoy anuladas por el inmediatismo de Internet. No estoy contra la modernidad, pero siento que estamos en otro planeta y que si existen todavía "aventuras", están en otro lugar.

-¿Qué reflexión le merecen los campos artísticos contemporáneos de Brasil y la Argentina?

-Brasil tuvo artistas que estarían hoy asombrados de enterarse que sus obras son disputadas a siete dígitos, y que murieron prácticamente sin recursos: Tarsila do Amaral, Ismael Nery o el propio Oswald de Andrade. Es verdad que gran parte de mis trabajos vincula el Brasil a la Argentina, aunque en Las vanguardias latinoamericanas busqué un perfil continental más amplio. Por ser hijo de una fotógrafa o por el intenso placer que puede causar el ejercicio de la mirada, llegué a la cultura del ekfrasis; en mis cursos en la universidad y en los ensayos, siempre aproximé la palabra a la imagen. El primer resultado fue la muestra De la Antropofagia a Brasilia. Hace dos años me invitaron a dirigir el Museo Lasar Segall en San Pablo. Nos dedicamos a la difusión de Segall y del expresionismo. Por todo esto, pienso que hoy el arte brasileño tiene mucho más difusión en la Argentina que en cualquier otro momento.

-A más de veinticinco años de la publicación de "Vanguardia y cosmopolitismo en la década del 20", ¿qué revisión puede realizar de ese texto considerado clásico?

-Fue una gran novedad en su momento comparar y contrastar las vanguardias argentinas con las brasileñas, hermanar a Oliverio Girondo con Oswald de Andrade. Creo que establecí como método comparativo el análisis de momentos culturales y lenguajes en principio distantes entre sí.
Pero pienso que en su momento lo estético prevaleció por sobre lo ideológico, en vez de una lectura de cuño más social, como podría haberlo hecho en aquel momento inspirado en Lucien Goldman o en Pierre Bourdieu. Pero no creo, hasta hoy, que alguna ideología pueda sustituir la penetración del análisis literario.

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